Entre todos los mandos del climatizador de nuestro vehículo, hay uno que a menudo pasa desapercibido. Se trata del botón de recirculación del aire, reconocible por el dibujo de un coche con una flecha en forma de círculo o “U” en su interior.
Aunque está presente en la inmensa mayoría de los vehículos, muchos conductores rara vez lo utilizan porque desconocen su verdadera utilidad.
El mecanismo es muy sencillo. Normalmente, el coche toma aire del exterior, lo enfría o calienta, y lo introduce en el habitáculo. Al pulsar el botón de recirculación, se cierran las rejillas que permiten la entrada del aire de la calle.
A partir de ese momento, el sistema se aísla y comienza a reutilizar el aire que ya está dentro del vehículo, filtrándolo y haciéndolo pasar de nuevo por el circuito de climatización.
Climatización más rápida
Es su beneficio estrella. Al no tener que procesar continuamente el aire caliente del exterior en verano o el aire helado en invierno, el sistema alcanza la temperatura ideal mucho antes.
Ahorro de combustible
Como el compresor del aire acondicionado realiza un esfuerzo menor, se reduce el consumo del vehículo. Un buen uso de este botón puede suponer un ahorro de hasta un 30%.
Escudo contra la contaminación
Ayuda a aislar el interior al atravesar túneles, atascos, zonas de obras, fábricas o momentos de alta concentración de polvo y polen.
A pesar de sus ventajas, abusar de la recirculación es una mala idea. No se recomienda usar este sistema durante largos periodos, especialmente más de 10 o 15 minutos seguidos.
Fatiga y somnolencia
Al no renovarse el aire interior, este acaba viciándose. La reducción de oxígeno puede provocar cansancio y somnolencia en el conductor.
Cristales empañados
En invierno o en días de lluvia, la humedad acumulada puede empañar los cristales rápidamente y reducir la visibilidad.
Por estas razones, muchos vehículos modernos desactivan la recirculación automáticamente tras unos minutos. Si tu coche no lo hace, conviene alternar su uso y permitir la entrada de aire exterior pasado un rato.
Si has dejado el coche aparcado al sol, no actives la recirculación de inmediato. Primero abre las ventanillas unos segundos para expulsar el aire caliente acumulado. Después, enciende el aire acondicionado y, tras un par de minutos, cierra las ventanas y activa la recirculación para enfriar el habitáculo más rápido.