El anticongelante o líquido refrigerante es uno de esos elementos del coche a los que solemos hacer poco caso hasta que surge un problema. La realidad es que es un aliado silencioso y absolutamente vital para la salud del motor.
Su función principal es circular por el motor para absorber el calor y mantenerlo trabajando a una temperatura estable y segura, evitando tanto el sobrecalentamiento en verano como la congelación del circuito en invierno. Además, protege frente a la corrosión, evita la cal y lubrica piezas clave como la bomba de agua, el radiador y el termostato.
A diferencia de lo que muchos conductores creen, el anticongelante caduca y pierde sus propiedades protectoras con el paso del tiempo, incluso si el coche apenas se mueve. Cuando sus aditivos se agotan, el líquido se vuelve ácido y deja de proteger el interior del motor.
Ignorar este mantenimiento puede convertirse en una amenaza silenciosa y provocar averías que superan fácilmente los 1.000 euros de reparación en el taller.
Sobrecalentamiento severo
Si el sistema no refrigera bien, el motor puede trabajar por encima de su temperatura límite y sufrir deformaciones internas, daños en la junta de culata o problemas en la distribución.
Corrosión y taponamientos
El líquido degradado genera óxidos y sedimentos que obstruyen los conductos, afectan al radiador y deterioran juntas y componentes metálicos.
Rotura de la bomba de agua
Si el refrigerante pierde lubricación y acumula impurezas, la bomba de agua sufre un desgaste acelerado y puede terminar fallando.
Congelación y grietas
En invierno, un anticongelante caducado puede congelarse, expandirse y provocar grietas en el bloque del motor o la rotura de manguitos.
Fugas constantes
El deterioro prolongado afecta a juntas y gomas, provocando pérdidas de líquido y averías en diferentes puntos del circuito.
Como norma general, se recomienda realizar un vaciado y cambio completo cada 2 a 5 años, o entre los 40.000 y 100.000 kilómetros, siempre siguiendo las indicaciones del manual del vehículo.
Para detectar si a tu coche le urge un cambio, basta con abrir el capó, siempre con el motor frío, y revisar el vaso de expansión. Si el líquido ha perdido su color brillante y se ve turbio, marrón o con restos de óxido, está totalmente degradado.
Un olor fuerte a quemado o bajadas frecuentes en el nivel del depósito también son señales claras de que algo va mal en el sistema de refrigeración.
Nunca uses agua del grifo
Salvo emergencia puntual, el agua se congela, no soporta bien las altas temperaturas y puede oxidar el motor desde dentro.
No mezcles colores ni tipos
Mezclar anticongelantes orgánicos, inorgánicos o híbridos puede provocar reacciones químicas, pérdida de protección y taponamientos.
Respeta las especificaciones
El color solo ayuda a identificarlo, pero no determina su calidad. Consulta el manual o el tapón del radiador para elegir el tipo correcto.